viernes, 17 de noviembre de 2017

La censura no ha muerto, y no hablo de TV3


Hace unos días leía la noticia en El Confidencial de que la sección de UGT de la Radio Televisión Española solicitaba que se excluyera al periodista Salvador Sostres del programa de Carlos Herrera en la 1 ¿Cómo lo ves?

Ante ello no tuve, sino que recordar cómo estos mismos sindicatos de paniaguados que viven de no sé qué obligación que tenemos el resto de españoles de pagarles sus magníficos sueldos, lograron que se excluyera al economista Juan Ramón Rallo de las tertulias de TVE porque defendía que en el actual panorama de libertad y pluralidad informativa no era necesaria una televisión pública y, es más, era un despilfarro.

Si ese “ataque” a la presencia pública fue entonces el motivo esgrimido, en el caso de Sostres es la supuesta misoginia del personaje. Y es que en cada progre, izquierdoso o sindicalista se esconde un pequeño o gran Torquemada que dice defender la libertad de expresión, la pluralidad y el intercambio de ideas, ¡ah! pero si son las suyas, sino no vale.

Este mensaje de pureza ideológica es común a la izquierda y al nacionalismo quienes se arrogan la facultad de etiquetar de facha a quien discrepa de sus argumentos y mayormente a aquellas personas mejor cultivadas intelectualmente que ellos y a los que siendo complicado rebatir por la fortaleza de sus ideas es más fácil estigmatizar y excluir del debate público porque claro, ellos iban a quedar como lo que son, unos zoquetes ignorantes y gandules.

Pues bien, desde aquí debo reconocer que, como oyente de Carlos Herrera en la COPE, lo que más me atrae de su programa es la calidad intelectual de aquellos de los que se rodea. Personajes de la talla de Ignacio Camacho, Beito Rubido, Joaquín Leguina, Jorge Bustos, Paco Robles, José María Fidalgo, Nicolás Redondo, David Gistau, Salvador Sostres y muchos más.

Y este señor tiene el acierto de rodearse de gente brillante intelectualmente porque no teme quedar apagado por ellos, sino que refuerzan su discurso y su credibilidad desde el argumento, la razón y la serena exposición de ideas, algo de lo que carecen los mediocres como los sindicalistas de TVE y algún otro más.

Habría que recordarles a estos señores sindicalistas que la libertad hay que predicarla y más si es de la gente que no piensa como tú.

 

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