martes, 5 de septiembre de 2017

Pedro Primero Sin Tierra


Sumido en su irrefrenable afán de poder y en su, hasta ahora, insatisfecha ambición de ocupar la Moncloa anda en estos días el pobre de Pedro Sánchez ocupado en cómo salir lo mejor parado del lio en el que él solo se ha metido con lo de la polinación, la nación de naciones, todas las naciones son España o la última ocurrencia de que” al menos y por ahora” dentro de España hay tres naciones.

Ciertamente el papelón en el que él solo se ha metido me produce a su vez indignación, risa y compasión.

Indignación porque no es de recibo que, por mor de una ocurrencia, la búsqueda de un titular o el pago mercenario del apoyo recibido del PSC en su carrera a la Secretaría general del PSOE, se ataque al conjunto de la nación española. Una nación con al menos 500 años de historia, que es previa a la Constitución, a Pedro Sánchez. Una nación cuya unidad, libertad y defensa han asumido cuantas constituciones haya habido en España de desde la Pepa, constituyéndose como unidad política en la que se reconocen quienes habitan el territorio de España y que se agrupan entorno a un común gobierno que defiende la libertad e igualdad de oportunidades de quienes la integran.

Risa porque siempre causa hilaridad ver a cualquiera con un poco de autoridad tratar de salir de un charco en el que innecesariamente se ha metido solo y donde demuestra que no solo es igual sino inferior a cualquiera de los españoles del común en su incapacidad de reconocer que ha metido la pata y rectificar.

Y compasión, si compasión, al contemplar al pobre hombre que en búsqueda de notoriedad es capaz como aquel que quemo el templo de Artemisa en Efeso, una de las siete maravillas del mundo, con la única pretensión de pasar a la posteridad y cuyo nombre no es por nadie recordado y de hacerlo lo sería con desprecio por la ignominia cometida.
 
Pues de igual modo puede ocurrir que en su afán por alcanzar la cima de su ambición se encuentre que no ejerce autoridad ni dominio alguno sobre nada pues para alcanzar tan alta meta haya entregado los despojos de una centenaria nación a quienes, como la soldadesca que se disputaba las escasas pertenecías de Jesús a los pies de la cruz, solo tienen el mezquino deseo el de repartirse los bienes y legados que tanto nos ha costado conseguir a todos los españoles, pasados y presentes, sin importarles un pimiento el bien común y el progreso de los individuos que componemos la nación.

Por ello y si tan funesto vaticinio llegara a alcanzarse, esperemos que no y que como Bismarck opinaba la nación española sea tan fuerte que ni los españoles seamos capaces de destruirla, Pedro Sánchez habría logrado auparse a la historia con el merecido sobrenombre de Pedro Primero Sin Tierra.
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