viernes, 7 de julio de 2017

Ese Pedro enamorado de la Luna nacionalista


Pervive entre los españoles un peligroso virus que nace de la inmadurez, la ignorancia y la vagancia intelectual como es el creer que las cosas se arreglan porque así lo diga una ley.

No habría porque remontarse tanto como a la pomposa proclama de “abolición de la guerra” que recogía la Constitución de la II República para entender que la letra de una norma va por un lado y la realidad puede darle la espalda multitud de ocasiones cuando no siempre. Y es que en nuestro vigente texto constitucional del 78 se proclama el derecho al trabajo, a una vivienda digna y al uso del español y no hace falta ser un lince para ver que dichos preceptos no se cumplen en el día a día.

Como digo este “virus” intelectual no tendría mayor importancia si afectara a una minoría de españoles, que ha habido siempre, a los que, por puro papanatismo, infantilismo o pura ignorancia provocada o querida, sus entendederas no les fueran suficientes para distinguir los buenos propósitos de la cruda realidad. El problema se torna serio cuando se usa por populistas para exacerbar los ánimos de los defraudados por la fortuna o cuando afecta a líderes de formaciones más o menos serias y que pueden influir, para bien o mal, en el porvenir de una nación como es España.

Pues bien, este virus parece haber afectado a Pedro Sánchez cuando fía la solución del “problema catalán” a una reforma constitucional que reconozca un concepto, del que se desconoce el contenido, como es la nación plurinacional.

En descargo de Pedro Sánchez hay que señalar que no ha sido el primero en vivir de esa ensoñación. Antes que él otros dirigentes del PSOE enarbolaron como concepto sanador el de la España Federal, entendiendo que en ello los nacionalistas vascos y catalanes, y detrás les vendrían baleares, gallegos, valencianos y los del catón de Cartagena, se encontrarían cómodos.

El problema de tales ensoñaciones está en el error del que parten que no es otro que el desconocer que la naturaleza, esencia, del nacionalismo es la eterna insatisfacción. Y de ese error nace otro mayor que no es otro que el creer que la parte es más importante que el todo.

Un todo que representan el conjunto de los españoles. Pero es que además con ello los que se proclaman “la izquierda” con esta argumentación y acción política renuncian a sus orígenes y lo que debiera ser su esencia pues no hay nada más moderno, revolucionario y progresista que la igualdad de todos los ciudadanos con independencia de donde vivan. Algo tan consustancial a los marxistas, la izquierda, que se refleja en su propio himno “la Internacional” que entre otras cosas proclama “El género humano es la internacional” y “Basta ya de tutela odiosa, que la igualdad ley ha de ser: No más deberes sin derechos, ningún derecho sin deber.

Por eso este ensimismamiento, similar al del toro de la copla que todas las noches abandonaba la manada para ir a ver su enamorada luna, no va a traer nada bueno. Si acaso, desengaño y melancolía, pues al igual que el escorpión, el nacionalismo no puede renegar de su naturaleza y si no se encuentra “cómodo” en un Estado tan descentralizado como el de las Autonomías menos se sentirá en una organización federal que no olvidemos se basa en la igualdad de todas las partes y primacía del Estado federal.

Claro que al final lo que resuma de todo esto pudiera ser algo que le reprochan al PP, haber denunciado ante el Tribunal Constitucional el último estatuto de Cataluña. Y es que, aunque este alto tribunal declaró que buena parte del mismo era contrario a la Constitución de todos los españoles, al PSOE le pase como alguno con los cuernos, que no sabiendo que los llevan no les duelen.  
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