domingo, 20 de septiembre de 2015

Sobre la mentira, la intolerancia y desprecio a la ley solo se construye la dictadura. “1984” un reflejo de la Comunidad catalana que los nacionalistas parecen empeñados en crear


Tras décadas de “lavado de coco” a través de la escuela nacionalista, la televisión autonómica, medios de comunicación locales empeñados en la  tranquilidad del “estanque catalán” y una asfixiante presión del “sino no estás conmigo eres un bicho raro” hemos llegado al día de hoy.

Un día que no es el primero, ya se intentó el año pasado con el simulacro de plebiscito donde solo votaron los suyos. Y desgraciadamente tampoco será el último porque el nacionalismo solo parara de “consultar” cuando la votación diga lo que ellos quieren que diga. Después de ese día tengan por seguro que no se admitirá ninguna otra.

La oferta nacionalista se basa en la mentira más burda e infantil. Ejemplos como los de la salida de la Unión  Europea y el euro son solo los ejemplos más evidentes, niega al ciudadano los elementos necesarios para tomar su decisión en libertad.

Negar a una todos los ciudadanos el derecho y el deber de conocer el español en la escuela y  la relación con las administraciones que debieran amparar sus derechos es un daño irreparable a sus hijos a los que privan de un elemento esencial que les permite comunicarse con 400 millones de hispano hablantes y les impide recibir ideas, noticias e informaciones no matizadas por el filtro nacionalista.

Y lo que es más grave, el desprecio a la ley. El relativismo y subjetivismo sobre la fuerza coercitiva de la ley según responda o no a los intereses nacionalistas abre el camino a la dictadura. Una dictadura donde  quien en cada momento ostente el monopolio de la interpretación del “sentir del pueblo” señalara quien se constituye en “enemigo del pueblo” y por lo tanto no gozara de la presunción de inocencia, de una defensa y juicio justo.

Esto no es nuevo, la humanidad, también los españoles lo hemos experimentado en alguna fase de  nuestra historia. Lo que no concibo es que haya quien esté tan deseoso de volver a caer en lo mismo.

Por ello cobran rabiosa actualidad los versos de Martin Niemöller

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata,

 Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista,

 Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío,

 Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar.

Sustituya el termino nazi por nacionalista y tendrá una visión muy aproximada de lo que está por venir
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