miércoles, 17 de septiembre de 2014

Los jueces, muy “echaos palante” con la Guardia Civil y los médicos de Urgencias de Sevilla dejan irse de rositas a sus compañeros de la Audiencia Nacional que dejaron libres a 50 narcotraficantes


Ayer conocimos que el juez de instrucción número 2 de Melilla había imputado al jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Melilla por las llamadas “devoluciones en caliente” y que la juez de Instrucción número 5 de Sevilla había imputado a tres médicos de Urgencias del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla a cuenta de la atención al indigente polaco que murió posteriormente.

Y pese a lo distinto que pudiera parecer estos casos tienen similitudes destacables.

Lo primero es que se refieren a puestos y conductas de “primera línea”. Uno en la frontera con Marruecos, donde un día sí y el otro también, de forma individual o en avalancha, cientos de africanos intentan asaltar violenta e ilegalmente nuestras fronteras y el otro en el sobrecargado además de desnaturalizado servicio de Urgencias donde se atienden multitud de casos que no son tales, casos que lo que el paciente trata es de evitar las colas del médico de cabecera o especialista cuando no la interminable lista de espera para una intervención quirúrgica y donde, sobre la marcha, hay que establecer diagnostico y tratamiento.

Lo segundo es que en ambas situaciones se suele estar bajo la presión de un número de personas que supera la de guardias o facultativos y cuyas actitudes suelen ser de todo menos respetuosas o “no violentas” que imponen un estrés difícil de apreciar desde nuestra salita viendo el telediario o  en la cómoda lectura de un sumario.

Lo tercero es que a estos guardias o médicos entregamos el preservar nuestra libertad, seguridad o salud pero les escamoteamos medios. Y aún haciéndolo cumplen a diario con su obligación y se sobreponen con su dedicación a las carencias.

Pero lo que es peor, cuando en casos como estos algún “puro de corazón” o “defensor de causas perdidas” los demanda, les echa en cara la falta de proporcionalidad o profesionalidad en sus actuaciones los dejamos solos, allá se las apañen.

He echado de menos en ambos casos la actuación valiente de sus responsables políticos poniéndose delante de ellos y asumiendo la responsabilidad que les cabe. Que distinto el comportamiento de Margaret Thatcher  en el Parlamento Británico cuando se le pregunto que quien había dado la orden de disparar contra dos miembros del IRA en Gibraltar. Dijo “YO” y se acabo el debate.

Pues bien a esos jueces, o a otro cualquiera, que tan diligentes han sido al imputar a ese guardia civil y esos médicos no les he oído levantar la voz, emitir auto alguno contra sus compañeros Predraz, Andreu, etc. de la Audiencia Nacional que contra el criterio unánime del Tribunal Supremo han puesto en libertad a 50 narcotraficantes.

“Perro no come  perro” suele decirse, pero es una pena ver como se pretende ser fuerte con los débiles pero no se tienen tales “audacias” con los superiores o iguales.

Luego no nos extrañemos si se cuelan a millares por nuestras fronteras o si tardan horas en atendernos en Urgencias pues obligan a unos a no ejercer la función que todos les hemos encomendado y a los otros a someter a un exhaustivo examen médico a cualquiera aunque lo que le haya llevado a la sala de espera sea un resfriado mal curado. Pero claro estos jueces ni estarán al pie de la verja de Ceuta o Melilla ni se manchan las manos con las pústulas de los enfermos. Vamos es que en Liberia, con el Ebola, ni se les espera.

 

 

 
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